Breve Historia de Zürich Schule

Estaban recién casados. Él había acabado los estudios de ingeniería y ella empezaba a articular las primeras palabras en castellano. Era la España de los últimos años del franquismo, una España muy diferente al mundo que les rodea.

Él impartía clases para ingenieros, pero pronto decidió cambiar de rumbo su orientación profesional. No le llenaban aquellas sesiones de enseñanza magistral, donde predominaba la filigrana retórica en la pizarra y la impersonalidad en la relación profesor-alumno. La pareja decide embarcarse en una nueva aventura…

Llenos de ilusión empiezan a hojear las páginas de todo tipo de publicaciones. Subrayan, recortan, llaman por teléfono, tienen citas con los propietarios, pero todas las ofertas superan sus posibilidades económicas.

Pasan varias semanas hasta que encuentran un local. Esquina Convenio-Florida, es en este lugar donde nace el Colegio Zürich. Bajo condiciones precarias la pareja imparte clases a grupos reducidos de alumnos. La demanda es muy escasa. No pierden los ánimos y siguen luchando, día tras día, semana tras semana. Después de mucho esfuerzo quieren hacer realidad lo que desde hacía tiempo había sido su sueño: tener una edificación con más prestaciones. Pasan unos años hasta dejar el local ubicado en el suburbio barcelonés para trasladarse a la calle Ifni, 2. Les rodea un ambiente socioeconómico muy diferente. El colegio empieza a tener una estructura interna más definida y el número de alumnos crece de forma progresiva. Las inquietudes de la pareja todavía no se habían satisfecho: falta espacio.

Pasan unos años hasta que deciden dar un salto y abren un nuevo centro en la calle Rocabert, detrás del Hospital de San Juán de Dios. La parte administrativa y la gestión, así como el parvulario, siguen ubicados en la calle Ifni mientras en el nuevo centro están los ciclos superiores. Aparte de querer hacer las cosas bien, son exigentes consigo mismos, y poco tardaron en darse cuenta de que aquel edificio no cumplía con todos los requisitos que exigían. Los años pasan hasta que por fin deciden dar un paso decisivo: Avenida Pearson, 73.

Este es el fruto de tantos años de lucha, pasión y sufrimiento de un matrimonio que han vivido por y para la enseñanza. Los años han ido pasando y siempre han intentado estar al nivel de las exigencias sociales. Las remodelaciones internas han sido constantes y poco a poco se ha conseguido toda una entidad DOCENTE. Veamos cómo sigue esta larga historia, ¿tendrá alguno de sus tres hijos la dignidad y el honor de seguir con el mismo rumbo esta “obra”?

Alejandro Macías Roth*
Artículo escrito para la edición de SPICKLE (antigua revista escolar) del año 1993

 

Reflexiones